La ideología que rechaza toda ideología

 LA IDEOLOGÍA QUE RECHAZA TODA IDEOLOGÍA

Tendríamos que comenzar aclarando a qué nos referimos cuando hablamos de una ideología, porque no todos asumimos este concepto de la misma forma. Algunos se inclinan por pensar que inexorablemente remite a una vinculación nociva y perjudicial con la necesaria argumentación que se requiere para sostener un punto de vista. Otros no cargan el concepto con un significado intrínsecamente malo, sino que, por el contrario, lo asumen como el conjunto de interpretaciones que una persona o grupo sostiene en relación con diferentes temas. En lo personal, tiendo a inclinarme por la primera opción: la ideología es una forma de argumentación que no pone el acento en lo convincente y riguroso del razonamiento, sino más bien en su carácter seductor y popularizante.

Pero, más allá de este debate terminológico, que no pareciera conducir a un puerto significativamente útil, podemos aceptar que en nuestra agrietada coyuntura argentina existe una guerra de trincheras ideológicas. Los bandos parecieran ser claros, y las banderas que cada sector levanta son ricamente contrarias. No creo que esto sea malo a priori, ni que tampoco sea el motivo del no progreso que nuestro país parece experimentar hace una década. Es, sin más, una caracterización de nuestro escenario nacional.

Esto tomó hace no muchos meses un rumbo que vengo siguiendo con mucha atención. Entre los jóvenes adolescentes y los adultos emergentes se izó una bandera ideológica contra toda ideología, lo cual parece remitirnos al principio de no contradicción aristotélico, en donde una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo las mismas circunstancias. ¿Cómo se puede sostener ideológicamente que toda ideología está mal? Solo el hastío hacia una ideología anterior puede presentar semejante formulación de rechazo por toda ideología.

Pareciera ser que lo dicho sucede fundamentalmente en los jóvenes adolescentes y en los adultos emergentes, que rechazan profundamente la ideología que durante varias décadas se presentó como hegemónica y que rechazaba todo contradiscurso hegemónico que se quisiera proponer. Los rasgos de estos argumentos contraideológicos no son claros y varían mucho, pero me atrevo a decir que incluyen y promueven un perfil nacionalista y conservador que nuevamente remarca la importancia de los valores tradicionales de Dios, Patria y Familia.

Sin embargo, a pesar de que se presenta como un movimiento que rechaza toda motivación ideologizante, no deja de ser una ideología. Y, como tal, provoca movimientos de resistencia. Por eso, en este escenario fascinante de nuestro hermoso país, nuevamente surge una hermosa disputa en el campo de la batalla cultural, en donde las ideologías, siempre rechazadas y asumidas por unos y por otros, se hacen presentes no ya tan discretamente.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Las religiones en el Siglo XXI

La necesidad de hacer politica.