El sin sentido


EL SIN SENTIDO

Y entonces... ¿para qué? 


Este es un texto un tanto diferente. El tema ya de por si rompe un poco con la identidad de este blog/podcast. Para algunos puede sonar un poco "falopa" o"tirado de los pelos." Incluso si algún amigo mío lo leyera, me volvería a hacer la misma pregunta que suelen hacerme: ¿para qué pensas tanto esos temas?" Me encantaría poder responderles. Pero no tengo idea. Suelo pensar que quizá la felicidad tiene que ver o es alcanzada por aquellos que no se preguntan estas cosas....


Me gusta la imagen que acompaña a este posteo. El horizonte. Pero no cualquier horizonte. Un horizonte rodeado de agua. ¿Qué hay del otro lado? ¿Qué pasa cuando llegas ahí, donde todo se termina? ¿Será una pared inerte y limitante como la de Truman Burbank? ¿O será la posibilidad de un nuevo comienzo? 


Bueno, hasta acá llego la falopeada. Vamos a hablar mejor del tema que me propuse y que hace rato vengo pensando. ¿Cuál es el sentido de hacer todo lo que hacemos? Hace algún tiempo publicaba un episodio que trajo cierta repercusión. Me refiero obviamente al capitulo sobre el suicidio. Allí planteaba que, quizá, exista un motivo lo suficientemente válido como para decidir que es lícito quitarse la vida. No se trata del sin sentido, del deseo de terminar con la agonía, o el sufrimiento, sino con poder decir basta a una experiencia que ya resultó significativa y que por ello ya no se desea continuar. 


Esto no fue del todo comprendido. Lo veo con mayor claridad ahora. Estamos atados a la vida. La defendemos como un bien superior, significativo y significante. Vivir es valioso. Pero, haciendo honor al título que me da trabajo, no puedo traicionar al espíritu de la filosofía sin más y aceptar aquello como una verdad sine qua non. Por tanto, debe introducir una nueva pregunta: ¿por qué? Explayandome un poco más me animo a preguntar en voz alta: ¿cuál es el sentido para fundamentar que debemos hacer todo lo que tenemos que hacer? ¿Cual es el sentido de vivir una vida que sabemos que termina y que por más riqueza, honor, prestigio, amor, que tengamos, no nos llevaremos nada? ¿O si?


Cuando empecé con este espacio me propuse que aquello que dijera nos sirviera para la vida real y que nos permitiera crecer juntos. No sé si logré algo de todo eso, pero no voy a dejar de intentarlo ahora. Por eso les transmito una pregunta que me cruce el otro día en twitter y que me terminó de convencer para escribir esta publicación. ¿Te acordás cómo estabas cuando deseabas tener algo que no tenías y que ahora tenes? ¿Cuánto te costó? ¿Cuánto lo soñaste? ¿Cuánto trabajaste por ello? ¿Ahora qué deseas? ¿Qué es lo que más anhelas con el corazón? 


¿Te das cuenta que el motor de la vida es el deseo? Vivir es desear. Vivir es ponerse objetivos. Vivir es querer alcanzar algo y trabajar para lograrlo. El problema es cuando lo alcanzamos. El problema está cuando ya no tenemos tiempo o fuerza para soñar y nos queda solo el disfrutar lo alcanzado. Por eso me pregunto sobre el sentido del  todo o del sin sentido. 


Les confieso algo: no me gusta pensar en mi ancianidad. Pienso en que en un momento voy a poder solo mirar para atrás porque para adelante no queda nada y no me gusta. Setenta, ochenta, noventa años en relación a la vida no es absolutamente nada, pero lo es todo, porque es lo único que tenemos. Por eso me surge esta propuesta, invitación, sugerencia, media cliché y barata: vivamos. 


Perdemos mucho tiempo en lamentar lo que no fue, en desear lo que todavía no es e invertimos muy poco tiempo en lo que somos y tenemos. No tengo idea que es vivir, o de que se trata el éxito, o por donde pasa la felicidad, pero creo que parte del sentido de la vida es poder algún día mirar para atrás y poder decir: viví. Por eso suelo decirle a mis alumnos que, sin tener mucha claridad, morir debe ser eso que sucede cuando hacemos ese ejercicio de mirar para atrás y descubrir que no vivimos. 


El sentido no se construye el día final en el que nos encontramos al borde del horizonte, se construye hoy mismo, cuando tenemos tiempo de buscar aquello que destruya cualquier sinsentido que nos quiera detener.

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