Me fui de retiro
ME FUI DE RETIRO
Entro al salón de cuarto año. Media mañana. Mucho desorden. Lo primero que pienso: es esperable. Vienen de cuatro días de libertad. Volver al corral no es fácil. Me miro un segundo, como abstrayéndome de todo lo que sucedía. Yo también tendría que sentir esa sensación de estar volviendo a la celda. Pero no me pasa. Estoy diferente.
Cuando empieza la clase, después de pasar lista, les pregunto qué tal su fin de semana largo. Qué hicieron, cómo gastaron su tiempo. No solo es una buena estrategia para que la clase la empiecen ellos, sino porque quería saber si alguno hacía referencia a las actividades por las cuales, al fin y al cabo, tuvimos dos días más de fin de semana. Pero no encontré ninguna referencia a la Semana Santa.
Un estudiante me preguntó qué había hecho yo. Y ahí empezó lo bueno. "Me fui de retiro con un grupo de conocidos" Empezaron las preguntas. Algunas motivadas por verdadero interés, otras para seguir "perdiendo tiempo de clase" y otras porque no entendían nada.
Brevemente les conté de qué se trato el retiro. Qué hicimos y por qué decidí irme esos días a estar un poco desconectado de lo cotidiano. La primera razón fue económica. Me iba a ir a Mendoza con un grupo de amigos, pero tuve un par de gastos por otros motivos y tuve que relegar el viaje. Cuando decidí hacer esta experiencia estaba muy pero muy desmotivado. No les voy a contar lo mismo que le conté a mis estudiantes. Pero si quisiera compartir algunas cosas que fui experimentando en esta última semana. No solo para animarle a quien así lo desee a hacer algo semejante, sino - y por sobre todas las cosas- para no olvidarme de algunas de las cosas que viví y que me hicieron pensar lo que hoy estoy pensando. Vayamos por ello.
Miércoles - 14hs. Salgo de dar clases. Tengo que hacer 9 cosas antes de las 17:30hs. Eso indica mi agenda. Sé que no voy a llegar a todo y eso ya me mal predispone. Pero lo peor es que a las 17:30hs tengo que ir al Santuario de Schoenstatt. Punto de encuentro para empezar el retiro. No quiero. No tengo ganas. Estoy desmotivado y siento que la voy a pasar mal. Alerta spoiler: esta historia no es de esas típicas en las que el final consiste en afirmar "cuán equivocado estaba al principio, y yo que no tenias ganas de venir, cuanto me hubiera perdido" En primer lugar porque, a pesar de que no la pase mal y aprendí mucho (mucho), la idea de viajar a Mendoza era más atractiva y el plan de quedarme en casa, sin alarmas, sin horarios, sin responsabilidades, consumiendo el tiempo en hacer anda y dedicarme a la nada, también era muy atractivo.
Miércoles 20hs. Salimos para Veronica. Lugar donde se lleva a cabo el retiro. Todos los sentimientos anteriores se refuerzan. Ahora se suma un sueño desgastante. Me da un poco de entusiasmo el hecho de viajar al lado de un amigo con el que podemos hablar muchas horas de muchos temas sin ningún tipo de coherencia ni problema.
A partir de aquí no voy a detallar hora por hora. Quiero compartir con ustedes tres enseñanzas significativas. Una por cada día. Para cerrar con una conclusión general. Si alguno de los puntos te parecen muy volados, te pido paciencia y confianza. Quizá al cerrar el texto corrobores tus hipótesis iniciales o puedas cambiarlas por otras. Veremos.
Jueves: pude visualizar la grandeza que esconde discretamente el hecho de compartirse. No me refiero a charlar, estar con otros, compartir buenos momentos. Sino al acto de disminuirse uno mismo para exaltar a otros. Darse, entregarse, compartirse, partirse. Que lo que sos pueda ser alimento para otros. Cuidado. No se trata de romperse, de destruirse. No es descuidarse o maltratarse. Es entregar, es donar, es ponerse en un plano no central. Descentrarse para volver al centro.
Viernes: todos somos necesitados de compañía. Somos seres que sufrimos. No quiero caer en un pesimismo estéril. No. La vida es entre muchas cosas alegrías, felicidad, buenos momentos, entusiasmo, plenitud. Pero otra gran parte del todo que es vivir, se constituye en un entramado de dolor, angustias, pérdidas. Y eso nos hermana. Eso lo experimentamos todos. Eso nos toca a todos. Si todos sufrimos en algún momento o en algún aspecto de nuestra vida, qué mejor que acompañarnos en ese dolor. Podemos hacerlo, tenemos con qué. Hay que decirlo y vivirlo.
Sábado: la esperanza es una de las virtudes que nos caracterizan como personas humanas. Podemos esperar. Descubrimos la fertilidad de la tierra cuando de ella no paran de nacer brotes verdes. Pero para verlos, hay que esperar. No apurar el proceso. Proceso. Qué concepto espectacular. Vivir es sumergirse en un proceso. Pero es un proceso orgánico, no mecánico. ¿En qué se diferencian? En lo lineal, en lo perfecto, en lo esperable. No podemos esperar linealidad, no podemos esperar resultados mágicos ni perfectos. Tenemos que asumir que aquello que esperamos, no va a llegar ni cuándo ni cómo lo esperamos. Por eso hay que estar atentos, ver, escuchar para poder, finalmente, compartirlo cuando lleguen.
Probablemente o, no compartas gran parte de lo que digo, o no llegues a entenderlo. Pero puedo asegurarte que lejos estoy de pretender transmitir con claridad lo que pude visualizar estos días. Primero porque creo que los procesos son siempre personales y la experiencia es intransferible y, en segundo lugar, porque ni siquiera lo tengo demasiado claro yo. Pero lo que sí pretendo es compartir “que aprendí”, más allá de “qué aprendí”. Porque importa siempre más el proceso que el resultado, porque es más importante el movimiento que lo estático y porque siempre va a valer la pena arriesgarse y romper con la pachorra de quedarse en lo conocido para dar lugar a nuevos espacios. Quizá sea esta la razón por la cual, hoy cuando volví a donde siempre, no estaba como siempre. Quizá por eso no sentí que volvía a la celda, porque en estos días gané mucha libertad.
Gracias Adsum Pater.
Comentarios
Publicar un comentario