De la escuela, no sabemos nada
DE LA ESCUELA, NO SABEMOS NADA
| 200 jóvenes se preparan para el Modelo ONU que reunirá a más de 1500 estudiantes de 70 escuelas en la Ciudad de La Plata |
Como adultos creemos saber qué es la escuela, cómo se gestiona un aula, qué es lo que los jóvenes-adolescentes necesitan y un extenso etcétera. Nos apoyamos en nuestro saber profesional para justificar nuestras argumentaciones creyendo que lo estudiado y el título obtenido nos ha capacitado para saber todo sobre el ejercicio profesional. Argumentamos que estamos preparando a los y las estudiantes para su futuro, creyendo que ese futuro es similar al presente que estamos viviendo nosotros como adultos. Olvidando así que nuestro presente como adultos nada tiene que ver con aquel panorama que nos presentaban a nosotros como futuro cuando nuestro presente era el de ser adolescentes. Estamos preparando a los alumnos para su futuro como adultos cuando en verdad no tenemos ninguna intuición certera de cómo va a ser, cuando llegue, ese presente.
Hace tiempo vengo rumiando la idea de que estamos fallando en la implementación de estrategias porque no somos asertivos en la interpretación que hacemos del presente de los estudiantes. La distancia entre nuestros objetivos (el de los adultos) cada vez es mayor en relación a los objetivos, búsquedas y sueños de aquellos que decimos acompañar. Por eso nuestra respuesta (a modo de mecanismo de defensa) es atacar al chico o la chica por ser irrespetuoso, por no tener motivación, por querer llevarse todo de arriba, por no ser responsable, por no comprometerse con lo que tienen que hacer, y muchas otras cosas.
Soy partidario de enseñar que las acciones -todas- tienen consecuencias lógicas y que esa experiencia debe darse en la escuela. Pero también soy partidario de defender las reacciones lógicas que debieran darse en los adolescentes frente a situaciones como las que experimentan a diario. Y esto solo tiene que ver con mi propia experiencia y la de todos los adultos que decimos saber lo que hacemos. Creo que es bueno, esperable y -me atrevo a decir- sano, que un adolescente se revele contra aquello que descubre como innecesario, aburrido, inutil, anticuado, etc. Porque esa es la naturaleza del adolescente: hablar, cuestionar, querer justificaciones, no conformarse. A partir de allí se puede construir algo valioso.
Creo que este tiempo es propicio para desafiar prácticas instaladas como válidas solo por el tiempo en que están disponibles y preguntarnos -con sinceridad y sin fundamentalismos- qué queremos generar, qué procesos buscamos suscitar, qué nos gustaría que le pase a cada chico y a cada chica y, a partir de allí y solo desde allí, animarnos a jugar con diferentes alternativas. Aceptando que no hay una única respuesta válida. Hay muchas opciones. Porque, como diría alguna autora argentina, es tiempo de que asumamos la cruel realidad que de la escuela, por más título que tengamos, no sabemos nada.
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